La República Islámica de Irán enfrenta actualmente una de sus mayores oleadas de protestas desde el movimiento «Mujer, Vida, Libertad» de 2022. Este nuevo ciclo de agitación social comenzó el 28 de diciembre de 2025, cuando comerciantes de los bazares de Teherán cerraron sus negocios tras una caída sin precedentes en el valor del rial iraní. La moneda nacional se desplomó hasta alcanzar los 1,4 millones por dólar estadounidense, lo que disparó los precios de los alimentos básicos y agravó una inflación ya asfixiante.
Cronología y extensión de las revueltas
Lo que inició como una protesta por el coste de la vida en los mercados se extendió rápidamente a otros sectores. Para el 30 de diciembre, las manifestaciones habían llegado a los campus universitarios, donde los estudiantes inyectaron nueva energía política al movimiento.
Según informes de organizaciones de derechos humanos, las revueltas se han expandido a más de cien ciudades en 27 de las 31 provincias del país.
Aunque el presidente Masoud Pezeshkian inicialmente mostró una postura menos confrontativa e invitó al diálogo, la respuesta del Estado se endureció rápidamente. El 3 de enero de 2026, el líder supremo Ali Jamenei dio lo que se consideró una «luz verde» para una represión más agresiva al declarar que los «alborotadores» debían ser puestos en su lugar.
Censura y violencia de Estado
Las autoridades iraníes han recurrido a tácticas de control de información, incluyendo un apagón de internet y de telefonía móvil que ha superado las 96 horas en varias regiones. Eurodiputados y activistas denuncian que estos cortes no son problemas técnicos, sino una estrategia deliberada para ocultar la brutalidad de las fuerzas de seguridad y dificultar la organización de los manifestantes.
En cuanto a las víctimas, las cifras son alarmantes y varían según la fuente:
- Al menos siete muertes fueron confirmadas oficialmente en los primeros días, incluyendo un miembro de la milicia Basij.
- La ONG Iran Human Rights ha reportado al menos 190 fallecidos.
- Otras fuentes, como la agencia HRANA, sitúan la cifra de muertos en más de 500 personas y los detenidos en más de 10.000 tras tres semanas de disturbios.
- Según AP (Associated Press) El número de muertos por las protestas a nivel nacional en Irán aumenta al menos hasta los 2000, según fientes de activistas
Videos verificados muestran a las fuerzas de seguridad utilizando escopetas y munición real contra manifestantes desarmados. Estas tácticas recuerdan la masacre de noviembre de 2019, cuando la organización Amnistía Internacional documentó la muerte de al menos 304 personas, la mayoría por disparos deliberados a la cabeza o el torso.
Tensiones internacionales y la «Línea Roja»
La situación interna de Irán ha escalado a una crisis diplomática global. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazó con intervenir militarmente si Irán continuaba asesinando manifestantes, afirmando estar «cargado y listo para partir». En respuesta, altos funcionarios iraníes como Ali Larijani y Ali Shamkhani advirtieron que la seguridad nacional es una «línea roja» y que cualquier interferencia extranjera recibirá una respuesta que causará arrepentimiento.
El régimen teocrático insiste en que las protestas son un complot orquestado por el Mossad y la CIA. Por su parte, la comunidad internacional, incluyendo al secretario general de la ONU (António Guterres) y líderes europeos, ha condenado el uso excesivo de la fuerza y exigido el restablecimiento de las comunicaciones.
Raíces económicas de la indignación
A pesar de las acusaciones de conspiración externa, expertos señalan que la causa profunda es una grave crisis de confianza provocada por años de mala gestión y corrupción sistémica.
Las sanciones de Estados Unidos han exacerbado la situación al congelar aproximadamente el 75 por ciento de las reservas de divisas de Irán, haciendo que los fondos sean inaccesibles a pesar de superar los 120.000 millones de dólares.
El sistema de tipos de cambio múltiples ha permitido que élites vinculadas a la Guardia Revolucionaria se enriquezcan mediante la asignación de dólares baratos, mientras que la clase trabajadora soporta el peso de la devaluación y la escasez de productos básicos.
La estrategía de Donald Trump
La estrategia de la administración Trump con respecto a Irán tiene dos caras: una propuesta de negociación muy estricta y una amenaza existencial para el régimen.
- La «Oferta» (El ultimátum diplomático)
Trump ha manifestado que está dispuesto a negociar un nuevo acuerdo, pero bajo términos mucho más duros que en el pasado. Su «ofrecimiento» actual se resume en:
Negociación Nuclear Estricta: Estados Unidos exige que Irán renuncie totalmente a su capacidad de enriquecimiento de uranio dentro del país (algo que el acuerdo anterior permitía en ciertos niveles) y que transfiera sus reservas a un tercer país.
Condición Previa: Trump ha declarado recientemente que cancela cualquier diálogo hasta que el régimen detenga la represión violenta y los asesinatos de manifestantes.
El Incentivo: La única «zanahoria» es el alivio de una asfixia económica que está colapsando al país, pero solo después de que Irán ceda en sus programas nucleares y de misiles. - La amenaza al régimen de los ayatolás
Esta es la parte más crítica. El régimen de Teherán enfrenta una «tormenta perfecta» que amenaza su supervivencia en tres frentes simultáneos:
Amenaza económica total (Aranceles Secundarios): Trump ha anunciado (enero 2026) un arancel del 25 por ciento a cualquier país que haga negocios con Irán. Esto busca aislar económicamente a Irán del resto del mundo, forzando incluso a sus socios habituales a elegir entre el mercado iraní o el estadounidense.
Amenaza militar directa: Ha advertido explícitamente que si el régimen «cuelga» (ejecuta) a los manifestantes, Estados Unidos tomará «acciones muy fuertes». Ha llegado a decir: «Si empiezan a disparar, nosotros también empezaremos a disparar». Esto implica la posibilidad de ataques aéreos directos contra infraestructuras del régimen o instalaciones nucleares (en coordinación con Israel).
Amenaza interna (Cambio de régimen): A diferencia de mandatos anteriores, la retórica actual sugiere un apoyo más directo al derrocamiento del sistema.
Llamada a la rebelión: Trump ha instado a los manifestantes iraníes a «tomar las instituciones».
Apoyo logístico: Se ha reportado ayuda para proveer internet satelital (Starlink) para burlar la censura del régimen.
Contactos con la oposición: Altos funcionarios de su administración (como el enviado Steve Witkoff) han mantenido contactos con figuras de la oposición en el exilio, como el príncipe heredero Reza Pahlavi.
En resumen: El «ofrecimiento» es esencialmente una rendición de las ambiciones nucleares a cambio de supervivencia económica. La amenaza es que, si no aceptan o si continúan matando manifestantes, Estados Unidos podría combinar un bloqueo económico total con ataques militares y apoyo a una revolución interna para hacer caer a los Ayatolás.

Las fuentes económicas de la crisis en Irán
Durante décadas, Irán ha vivido bajo un régimen de sanciones que buscaba asfixiar su principal fuente de ingresos: el petróleo. Sin embargo, lejos del colapso anunciado una y otra vez, el país ha construido una economía de resistencia que le permite seguir funcionando.
La clave no está solo en el crudo, sino en una combinación de petróleo, industrias paralelas, comercio regional y trueque, sostenida por un frágil equilibrio financiero que separa dos mundos: el de los dólares reales y el del dinero que solo circula dentro de sus fronteras.
Un gigante petrolero a medio gas
Irán produce hoy entre 3,2 y 3,5 millones de barriles diarios de crudo, una cifra considerable dadas las restricciones internacionales. Aun así, está muy lejos de su edad dorada: en 1976, antes de la Revolución Islámica, alcanzó el récord histórico de 6,7 millones de barriles diarios, cuando competía directamente con Arabia Saudí.
La producción actual se mantiene estable solo en apariencia. Infraestructuras envejecidas, falta de inversión y sanciones tecnológicas hacen que esa estabilidad dependa más de la política que de la ingeniería. Irán conserva capacidad ociosa, lo que le permite no forzar sus campos, pero también evidencia que podría producir más si el cerco se levantara.
China, el cliente casi único del crudo
El petróleo iraní tiene hoy un destino claro: China. Más del 90 por ciento de las exportaciones van al gigante asiático, principalmente a través de refinerías independientes conocidas como teapots[1]. Estas compran crudo iraní con fuertes descuentos —entre 10 y 12 dólares por barril— para compensar el riesgo de sanciones, seguros inexistentes y complejas rutas marítimas.
El precio final ronda los 50–52 dólares por barril. Para Irán es vender a precio de saldo; para China, una ventaja estratégica: energía barata que alimenta su industria y mejora sus márgenes.
Mucho petróleo, menos dinero del que parece
Aunque Irán produce hasta 3,5 millones de barriles diarios, no exporta todo. Cerca de la mitad se consume internamente para transporte, electricidad e industria. Las exportaciones reales se sitúan en torno a 1,5–1,8 millones de barriles diarios, lo que genera aproximadamente 31.000 millones de dólares al año.
Es una cifra elevada, pero insuficiente para cubrir todas las necesidades del país.
Más allá del crudo: la economía que no sale en los titulares
Aquí suele perderse una parte esencial del relato. Irán no vive solo del petróleo. Bajo sanciones, ha reforzado y explotado todo lo que puede producir y vender —o intercambiar— con países vecinos y socios tolerantes.
Entre sus exportaciones no petroleras destacan:
- Petroquímica y química pesada: plásticos, fertilizantes, metanol y derivados del gas natural. Es el segundo gran pilar exportador del país.
- Metales y minerales: acero, hierro, cobre, aluminio y cemento, muy demandados en países vecinos para construcción e infraestructuras.
- Productos agrícolas: pistachos, dátiles, azafrán y frutas, con mercados estables en Asia y Oriente Medio.
- Bienes industriales básicos: materiales de construcción, cerámica, piezas industriales y productos semielaborados.
- Artesanía tradicional, como alfombras persas, hoy muy reducida por las restricciones financieras.
Estos productos generan decenas de miles de millones en exportaciones no petroleras, pero con una trampa clave: gran parte no se cobra en dólares.
Comercio regional, trueque y monedas «difíciles»
Con el acceso al sistema financiero internacional limitado, Irán ha desarrollado una intensa red de comercio regional, especialmente con Irak, Turquía, Afganistán y países de Asia Central.
En muchos casos, el comercio funciona mediante:
- Trueques (gas por electricidad, bienes por servicios).
- Pagos en monedas locales difíciles de convertir.
- Compensaciones cruzadas entre empresas estatales.
Este sistema permite que fábricas sigan funcionando y que entren bienes esenciales, pero no resuelve el problema central: la escasez de divisas fuertes.
Dos economías en una
La realidad iraní se entiende mejor separándola en dos «cajas»:
1. La caja de los dólares (economía externa).
Irán necesita entre 55.000 y 60.000 millones de dólares anuales para importar alimentos, medicinas, insumos industriales y tecnología. El petróleo a China y las exportaciones regionales permiten cubrir esa factura justo al límite, sin margen para inversión ni ahorro.
2. La caja del «dinero Monopoly» (economía interna).
Dentro del país, el Estado paga salarios, pensiones y subsidios en riales. Cuando los impuestos no alcanzan, imprime dinero. Esto mantiene el sistema en pie, pero genera una inflación crónica del 40–50 por ciento anual y una constante pérdida de poder adquisitivo.
El vínculo entre ambas cajas es letal: al saber que faltan dólares reales, la población huye del rial, acelera la devaluación y dispara los precios.
¿Cuánto dinero necesitaría Irán para vivir sin ahogos?
Los cálculos más realistas sitúan las necesidades financieras totales de Irán en torno a 75.000 millones de dólares anuales para cubrir gasto público, importaciones esenciales y evitar recurrir de forma sistemática a la impresión de dinero. Esa cifra no depende únicamente del petróleo.
Los ingresos petroleros —unos 31.000 millones de dólares al año— constituyen el principal flujo de divisas líquidas, pero se ven complementados por exportaciones no petroleras: petroquímica, metales, minerales, productos agrícolas y comercio regional, que en conjunto aportan volúmenes significativos de bienes y servicios, aunque no siempre en dólares convertibles.
El problema no es tanto la capacidad productiva del país como la calidad de los ingresos. Una parte sustancial del comercio exterior iraní se hace mediante trueques, pagos en monedas locales o compensaciones cruzadas, útiles para mantener la actividad económica, pero insuficientes para financiar importaciones estratégicas o estabilizar la moneda.
Así, incluso sumando petróleo y exportaciones no petroleras, Irán cubre sus necesidades externas solo al límite, sin margen para inversión, reservas o crecimiento sostenido. El déficit restante se traslada al interior de la economía y se cierra mediante impuestos crecientes y, sobre todo, inflación, que actúa como el verdadero impuesto silencioso sobre la población.
Supervivencia, no prosperidad
Irán no está al borde del colapso inmediato, pero tampoco avanza hacia la prosperidad. Su economía funciona como un sistema de supervivencia prolongada: petróleo con descuento, industrias paralelas, comercio regional y una población que absorbe el coste vía inflación.
El país no se mantiene solo gracias al crudo, sino gracias a todo lo que logra producir, vender o intercambiar en un entorno hostil. Pero mientras las sanciones sigan marcando el terreno, ese esfuerzo colectivo apenas sirve para mantener la cabeza fuera del agua, no para nadar hacia un futuro mejor.
NOTAS:
- Las «teapots» (teteras) son refinerías de petróleo independientes y privadas en China, principalmente ubicadas en la provincia de Shandong, conocidas por comprar crudo con grandes descuentos (iraní, ruso, venezolano) y operar fuera de las grandes empresas estatales, desafiando sanciones y reconfigurando mercados, aunque enfrentan presiones económicas. Su apodo proviene de su pequeña escala comparada con las refinerías gigantes estatales y su capacidad para procesar diversos tipos de petróleo, adaptándose a las dinámicas geopolíticas y de precios.
Características clave de las «Teapots»:
Independencia: No son propiedad de las gigantes estatales como Sinopec o PetroChina, sino empresas privadas.
Ubicación: Concentradas en Shandong, un centro clave para el procesamiento de petróleo en China.
Compradoras de crudo «sancionado» o con descuento: Se benefician de comprar petróleo de Irán, Rusia o Venezuela a precios muy rebajados, algo que las grandes refinerías no pueden o no quieren hacer.
Flexibilidad: Adaptan rápidamente sus fuentes de suministro para aprovechar las mejores ofertas.
Impacto Global: Influyen en la dinámica del mercado petrolero mundial al absorber crudos que otros no quieren, y son vitales para la economía de ciertos países productores.
Contexto Actual: - Recientemente, han estado cambiando sus compras de crudo venezolano a opciones como el iraní y el ruso debido a interrupciones en los suministros, buscando siempre el mejor precio para mantener su rentabilidad.




