«El viejo librero» de Martínez Torrón

Los libros, la música, la vida. una mirada al mundo de la cultura

Diego Martínez Torrón ha publicado a lo largo de su vida importantes ensayos sobre literatura pero también obras de ficción y sobre todo excelentes libros de poesía.

Fue también un profesor de literatura que, además de formar de manera rigurosa a sus alumnos, los incitaba a leer las obras de los autores de los que hablaba en sus clases. Lo sé porque yo fui uno de ellos en la Facultad de Ciencias de la Información de la Complutense.

Durante una de sus clases nos habló de un libro que acababa de publicar, «Poéticas de Octavio Paz», que me apresuré a adquirir y leer. Desde entonces he seguido su trayectoria con altibajos, pero algunas de sus obras han seguido fomentando en mí la pasión que compartimos como lectores.

Martínez Torrón acaba de publicar «El viejo librero» (Renacimiento), un texto inclasificable que mezcla el diario y la reflexión sobre los temas que desde siempre han ocupado a la humanidad (el amor, la muerte, la ideología, la religión) con análisis sobre obras literarias y autores que Martínez Torrón conoce muy bien.

Se trata de un sentido manifiesto de amor por los libros («los viejos y hermosos libros por los que he dado mi vida, y que dan sentido a mi vida»), por las librerías, por las bibliotecas, y también por el arte («El Arte surge del amor. Y se parece mucho al Amor») y por la cultura («la cultura es lo que nos hace felices y libres»).

Desde el observatorio en el que ha instalado su jubilación, Martínez Torrón lamenta que en la literatura contemporánea los intereses comerciales se impongan a los valores de la calidad.

Asegura que escritores importantes de otras épocas no habrían podido publicar hoy sus obras cuando los hábitos de lectura se orientan hacia los best sellers y lo políticamente correcto, y lamenta que la música moderna actual se alimente de una serie de tópicos sin vida alguna.

Martínez Torrón pertenece a lo que él mismo llama la Generación de la contracultura, aquella explosión de creatividad que sobre todo se manifestó en la música durante los años sesenta y setenta del siglo veinte («una música original y eterna», la llama), que dio figuras como The Beatles o Bob Dylan y que propició acontecimientos como el Mayo del 68, fomentó la libertad sexual y se preocupó por el ecologismo; el rock and roll y la contracultura que se enfrentaron al statu quo puritano.

Desde su retiro en Córdoba, que fue también su ciudad natal, en lo que llama el último tramo de su vida, «mientras llega la Noche y el Infinito» al que se muestra abierto, Martínez Torrón se dedica a gozar de los placeres que le han acompañado a lo largo de su recorrido, fundamentalmente la lectura, pero también la música clásica, de la que se muestra profundo conocedor y a la que considera «la cima de la belleza».

También de la naturaleza (el sol, el agua, el viento, los árboles, los pájaros, el cielo azul) en la que advierte un manifiesto erotismo. La ecología, la protección del medio ambiente y el calentamiento global han sido preocupaciones siempre presentes en su vida.

El profesor Martínez Torrón valora estas reflexiones en esta etapa de la vida porque considera que es en la senectud cuando se logra la verdadera sabiduría, cuando se culmina el proceso de experiencias acumuladas, cuya razón principal –dice- es la de disfrutar del Arte, la Belleza y el Amor.

A estas alturas contempla la vida que lo rodea con un cierto escepticismo y un pesimismo próximo a aquellos apocalípticos de Umberto Eco, tan evocados tantas veces.

Percibe una cierta decadencia en la educación y en la sociedad, influida por las nuevas tecnologías que están transformando el modo de vivir, de pensar, de leer y de sentir la cultura, y que propician el desmantelamiento de todo nuestro pasado cultural.

Tecnologías que tratan de sustituir la realidad por una realidad virtual desde la que los magnates con grandes beneficios económicos proyectan lo que quieren que veamos.

Un universo tecnológico en el que no interesan las obras de auténtica creación y en el que hay una vacuidad cultural que beneficia los intereses del neoliberalismo.

Es muy crítico con las redes sociales, a las que acusa de alienar a los jóvenes y a incitarlos a adorar la cultura del dinero fácil y confía en que la Inteligencia artificial sea una fuente de progreso y no de opresión.

La solución a esa vacuidad y a la alienación correspondiente asegura que está en la cultura y en los libros, pero Martínez Torrón aprecia que cada vez se lee menos y que las industrias culturales y los sistemas educativos van eliminando progresivamente de sus propuestas a los autores clásicos y a la alta cultura.

Leer e informarnos críticamente es una forma de encontrar nuestro propio concepto de realidad, por lo que llega a sospechar que la decadencia de la cultura es algo intencionadamente diseñado para que la gente sea cada vez más ignorante y manipulable.

La parte central de «El viejo librero» está dedicada en forma de lecciones magistrales a tres autores referentes de su pasión literaria: Azorín, Gómez de la Serna y sobre todo Valle-Inclán, al que considera por encima de autores como Proust y Joyce.

En uno de los poemas que incluye en este bello libro de lectura gratificante dice que «Escribir/Es/Detener/El tiempo». Que así sea.

Francisco R. Pastoriza
Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Periodista cultural Asignaturas: Información Cultural, Comunicación e Información Audiovisual y Fotografía informativa. Autor de "Qué es la fotografía" (Lunwerg), Periodismo Cultural (Síntesis. Madrid 2006), Cultura y TV. Una relación de conflicto (Gedisa. Barcelona, 2003) La mirada en el cristal. La información en TV (Fragua. Madrid, 2003) Perversiones televisivas (IORTV. Madrid, 1997). Investigación “La presencia de la cultura en los telediarios de la televisión pública de ámbito nacional durante el año 2006” (revista Sistema, enero 2008).

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