Según estiman Save the Children y UNICEF, si no se actúa urgentemente, a final de este año 2020, en el mundo habrá unos 86 millones de niños y niñas más en situación de pobreza que el año anterior, a causa de la pandemia de la COVID-19. 

El análisis, publicado el 28 de mayo urge a los gobiernos a tomar medidas que protejan a las familias de las dificultades económicas surgidas de la COVID-19. Si no, el número total de niños y niñas que viven bajo el umbral de la pobreza podría crecer un quince por ciento. 

En cifras totales, 672 millones de niños y niñas de todo el mundo estarían más allá del umbral de la pobreza  a finales de año. No son solo cifras: son 672 millones de estómagos vacíos de futuro, de presente y de esperanza.

Dimensiones de la crisis.

La presente crisis se manifiesta de dos formas. Por un lado, la pérdida inmediata de los ingresos hace que las familias tengan más dificultades para obtener productos básicos, como agua y comida. También dificulta sus probabilidades de acceder a la atención médica y a la educación. Todo esto expone a niñas y niños al peligro del matrimonio infantil, la violencia, la explotación y el abuso. 

Por otro lado, una crisis económica puede hacer disminuir el alcance y la calidad de los servicios de los que dependen las familias. Esta falta de acceso a los servicios sociales limita su capacidad para cumplir con medidas como el distanciamiento social. Así aumenta su exposición al contagio.

Porque cientos de millones de niños y niñas viven una pobreza multidimensional. Esto quiere decir que carecen de acceso a la atención médica, la educación, a una nutrición adecuada y a una vivienda digna. Esto se acrecienta con la reducción de inversiones en los servicios sociales por parte de los gobiernos.

La infancia que vive en países en conflicto y con abundante violencia es la que más corre con estos riesgos. Oriente Medio y África del Norte, son las regiones donde, a causa de conflictos, vive un mayor número de niños en situación de necesidad. 

Regionalmente desigual

Antes de la pandemia, dos terceras partes de los niños y niñas del mundo carecían de acceso a cualquier forma de protección social. Actualmente, solo el dieciséis por ciento de los menores de edad de África cuenta con protección social. La crisis económica tras la COVID-19 puede reducir aún más esta cifra. Eso perpetúa el círculo de la pobreza intergeneracional.

Dos terceras partes de todos esos menores viven en el África subsahariana y el Asia meridional. Los países de Europa y Asia central son los que albergan el menor número de niños y niñas en esta situación. Sin embargo, a finales de año, la pobreza en esta región crecerá un cuarenta y cuatro por ciento, lo que representa el mayor aumento mundial. Mientras, en América Latina y el Caribe podría producirse un notable incremento, del veintidós por ciento, que puede ser fatal para la región. 

Las medidas necesarias

Mitigar esta situación requiere de programas de protección social: transferencias en efectivo, comedores escolares y prestaciones por hijo o hija a cargo. Son inversiones que abordan las necesidades económicas inmediatas y sientan las bases para que los países se preparen para futuras crisis.

También es necesario que los gobiernos inviertan en materia de protección social, política fiscal, empleo y mercado laboral, a fin de proteger a las familias. Esto incluye ampliar el acceso universal a una asistencia sanitaria de calidad. También invertir en políticas favorables a la familia, como los permisos de paternidad y maternidad retribuidos.

Ambas entidades ven con muy buenos ojos las medidas adoptadas por países como Indonesia, Mongolia, Argentina, Sudáfrica, Georgia, Armenia, Colombia o Perú. Todas estos gobiernos han aprobado ayudas dinerarias directas para las familias con más necesitadas de sus territorios. Aunque varía su cuantía y su amplitud, todas ellas son medidas contundentes, que pretenden resolver la situación de amplios sectores poblacionales.

Declaraciones

«La pandemia ha desencadenado una crisis socioeconómica sin precedentes que está agotando los recursos de las familias», explica Henrietta Fore, directora ejecutiva de UNICEF. «La profundidad de las dificultades económicas que están afrontando los hogares podría revertir años de avances en la reducción de la pobreza infantil».

«Las familias a las que ya les cuesta salir adelante podrían caer en la pobreza. Las más pobres podrían enfrentarse a niveles de escasez que no se han visto en décadas», concluye Fore

«Los niños y niñas son altamente vulnerables a períodos breves de hambre y desnutrición. Estas repercusiones podrían afectarles el resto de su vida. Si actuamos con prontitud y firmeza podremos prevenir y contener los riesgos que plantea la crisis para los países más pobres», explica Inger Ashing

Ella es la directora general de Save the Children Internacional. «Este informe debería ser una llamada de atención para el mundo. La pobreza no es inevitable», concluye. 

Habito entre la información y el arte, como el niño que baila entre la filosofía y la poesía. Creo en el compromiso, pero no en los dogmas, y más que la verdad, busco las perspectivas, aunque siempre trato de recopilarlas de forma fiel y rigurosa. Dicen que hay un tal Zule que publica con mi voz, pero yo creo que simplemente somos dos jugadores de un mismo juego: el que cree en la palabra y su poder transformador, así como en la responsabilidad de usarla honradamente.

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