Parece que fue ayer, cuando vimos a Eduardo Guerrero aquí en Jerez de la Frontera (Cádiz) en 2018, en la bodega Constancia de González Byass, a mediodía, en un espectáculo llamado «Faro». Y actuando con Encarna Anillo en la sala Compañía en «Las puertas de Gades». Ya por entonces estaba fuera de los cánones del bailaor flamenco tradicional, ya era ese extraño transgresor capaz de poner la raíz en su personalísimo terreno. Poco después en el Corral de la Morería, estrenó «Onírico»; en Sevilla 2018, «Sombras efímeras uno», y «Sombras efímeras dos» en Jerez 2019.

Y ahora, en este 25 Festival de Jerez, la culminación de todo un proceso de autoindagación corporal, bajo la dirección artística de Mateo Feijóo, quien lleva años sometiendo a Eduardo a un proceso continuado de investigación dirigida al conocimiento de su propio cuerpo en circunstancias alejadas de cualquier territorio de confort, al de los límites que puede alcanzar con él, y a superar retos casi inalcanzables. Atrás quedaron aquellas mañanas de preparación en la nave Matadero de Madrid, que en 2018 dirigía Feijóo, durante los tres meses de representación de «Onírico» en el Corral de la Morería. 

El resultado se llama «Debajo de los pies», representado el sábado 15 de mayo de este 2021 en el Teatro Villamarta de Jerez, en estreno absoluto. Expectación máxima ante el esperadísimo estreno, que seguro va a copar premios, incluso el de mejor espectáculo, al final de este Festival.

 Parecía que todo estaba planteado desde hacía tiempo; pero la pandemia, una vez más, el confinamiento, ha servido para replantearlo todo, para darse cuenta de que no es bueno que el bailaor esté solo. Y para enriquecimiento del espectáculo, ha contado con los bailaores Alberto Sellés y Sara Jiménez; con el guitarrista Joselito Acedo para los arreglos y dirección musical; con Manuel Reina para la percusión; con Ismael de la Rosa para el cante; con Los Voluble para el sonido y vídeos de Tío Maleno y Remedios Amaya; con colaboraciones escenográficas de David Lagos, Rocío Molina y Marco Flores. Y por supuesto, con la dirección y dramaturgia de Mateo Feijóo.

Todo respira originalidad en «Debajo de los pies». No es la primera vez que Eduardo recurre a la pintura en sus espectáculos. Pero la puesta en escena de ahora es un trasfondo del «Jardín de las delicias», el cuadro más enigmático de El Bosco, del que Eduardo toma la armonía, lo lúdico y el caos. Los colores, blanco, verde, rojo, azul y blanco radiante. Los actores semi desnudos para dar principio y poner fin a la historia.

Vestirse en escena no es nuevo, pero incluso eso, rebosa aquí originalidad. El diseño de vestuario, blanco inmaculado, que transporta a paisajes edénicos; el vestuario a capas, con originales añadidos al servicio y ajuste de movimientos; la bata de cola viva de Sara Jiménez; el comienzo con un romance y el amoroso trío de baile festero por bulerías; el dúo de Eduardo y Sara en una milonga que transporta a otras orillas con ayuda del cante de Ismael de la Rosa; tanguillos carnavaleros a dúo con Sellés, plenos de humor, como disfrute del presente; los solos de los tres bailaores, con un extraordinario zapateado de Sellés, el de Sara Jiménez por petenera; el amor homosexual; la entrada y salida conventual de Sara. El amor y la muerte por soleá. El conjunto de elementos, movimientos y narrativa, lleva a pensar en alguna de las influencias que algunos historiadores de arte modernos atribuyen al pintor de Bolduque, y muy subjetivamente las escenas del amor cortés, de práctica común en la corte de Borgoña de finales del siglo quince. En algo así debió de pensar Feijóo cuando diseñó la dramaturgia. 

Eduardo Guerrero por alegrías, zambra, tangos y serrana. No puede pedirse más, -o quién sabe si en un futuro volará como Nureyef- solo le falta eso. En cuanto a movimiento, micro movimiento, efecto cámara lenta, años de experimentación en auto observación continua para llegar a este resultado con el que Eduardo se ha superado a sí mismo. La verdad es que faltan las palabras. 

No podía faltar aquí una mención especial a Joselito Acedo, como arreglista, composición y dirección musical y como guitarrista en vivo en el espectáculo; este joven trianero, de la quinta de Eduardo, está consagrándose como icono musical de la última generación flamenca, desde que se encargó de los arreglos musicales y la producción de «El parque de María Luisa» de su tío Rafael Riqueni hace pocos años; sabia elección de Eduardo Guerrero, de Acedo para este espectáculo, que sin duda representa en todos los aspectos el trabajo de los pre milennials, tanto en escenografía, baile, cante, toque, composición dancística y musical de los jóvenes treintañeros y sus aportes imprescindibles a este flamenco de primer cuarto del siglo veintiuno.

Teresa Fernández Herrera
Algunas cosas que he aprendido a lo largo de mi vida. Soy Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid, master en Psicología del Deporte por la UAM, diplomada en Empresas y Actividades Turísticas, conocedora de la Filosofía Védica. Responsable de Comunicación y Medios en Madrid de la ONG Internacional con base en India, Abrazando al Mundo. Miembro de la British Association of Freelance Writers. Certificada en Diseño de Permacultura. Trainer de Dragon Dreaming, metodología holística para el crecimiento personal, grupal y comunitario en el amor a la Tierra. Colaboradora en Periodistas-es y en las revistas Natural, Verdemente, The Ecologist para España y América Latina. Profesora de inglés avanzado.

1 COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Escribe un comentario
Escribe aquí tu nombre